“Observo, maravillada, lo que pueden dar de si todos aquellos que se sienten jóvenes…”
Escribir sobre las preocupaciones de los jóvenes escapando de los mitos y los tópicos, resulta complicado. Parece que sólo hay dos opciones, estar con ellos o contra ellos; resaltar su vitalidad o destacar su falta de interés por las cosas realmente importantes. Creo que el hecho de que tenga 21 años me sitúa claramente en una de las dos posturas, la de los que creen en el poder de la juventud, en su ilusión, en sus ganas de revolucionarlo todo. Me gusta pensar que los jóvenes podemos cambiar el mundo, o por lo menos, mantener la esperanza de que una sociedad mejor es posible.
Miro a mi alrededor y observo, maravillada, lo que pueden dar de si todos aquellos que se sienten jóvenes… Pienso en lo que nos inquieta y me ilusiona ver que estamos intranquilos, que somos capaces de movilizarnos ante las injusticias, de decir que no cuando algo no nos convence o de echar una mano cuando los demás lo necesitan… Me acuerdo ahora de todas las imágenes de los voluntarios del Prestige, que con motivo del tercer aniversario invaden de nuevo la televisión; todas aquellas personas que se acercaron a la Costa da morte, esas pequeñas hormigas blancas luchando contra un gran gigante negro. Observo que a los jóvenes nos preocupa nuestra familia y nuestro futuro, también nuestro presente, aprovechar ahora que conservamos esa capacidad para creernos mágicos, para hacer nuestra una frase de José Saramago: “En el mundo hay dos grandes superpotencias, una es Estados Unidos, la otra… eres tú”.




4 Enero, 2006 ás 23:48
A verdade e que este paréceme a máis interesante das opinións reflexadas, pola súa garra e ilusión e porque de verdade os xoves teñen dentro de si un gran poder. Se ben é verdade que non sempre se decatan del é unha mágoa que por non deixarlle aflorar dende fora estropeemos este poder. A xuventude é unha época de moitas dubidas, desalentos, ilusións, ledicias, inquedanzas, desestructuracións, cambio fortes e débiles, de medrar, de crise, pero sobre todo é un tempo polo que todos pasamos obrigatoriamente e a sorte que corramos nese período da nosa vida e crucial para o resto da mesma. Ogallá non cortemos a alas dos xoves senón mais ben sexamos pacientes para podenciar o seu poder.
4 Enero, 2006 ás 23:58
Estou de acordo con manter sempre a esperanza. É necesaria, e ás veces os xoves somos víctimas de prexuizos, ou dos tópicos de sempre. Pero, e non por amolar, atopar xoves realmente comprometidos (apuntabao fran), é difícil. Con cántos xoves podemos falar de temas que nos importen? (de Deus?). Os profesores de secundaria e de universidade denuncian que baixa o nivel, cultural e de interese por temas que tradicionalmente lideraban a xente nova. Será a sociedade do benestar, ou o consumismo, pero comezo a pensar que as causas perdidas están hoxe un pouco máis perdidas que en épocas (que tampouco vivín, ollo!) pasadas. Non sei qué pensaredes os demáis. Un saudo
7 Enero, 2006 ás 1:19
¿Juventud?¿Qué juventud? Esa que anuncian los anuncios de cremas, los de coches, los de politonos para los móviles. A estas alturas hablar de juventud no es más que hablar de una marca de consumo, de un mercado publicitario y poco más. No hay jóvenes, como tampoco hay viejos; sólo gente que debe estar dispuesta a comprar para no desentonar en esa etiqueta. Lo de cambiar el mundo es una milonga para vender camisetas del Ché… La ilusión, las ganas de imaginar algo distinto para este mundo (que se tornan más y más desdibujadas en este siglo, o al menos en esta parte del mundo) no son patrimonio de ninguna edad. Hay críos de 10 años con callos en las manos y en el alma de tanta playstation, y hay gente de noventa aún capaz de soñar.
7 Enero, 2006 ás 22:01
Hombres… siempre hijos de su tiempo. Cuando tocó callar, callamos; cuando tocó gritar, gritamos; hoy toca comprar y… compramos. Aunque siempre hubo quien gritó cuando tocaba callar, calló cuando todos gritaban y da, ahora que todos se empeñan en comprar.
¿Por qué “juventud divino tesoro”?, por libre, por carente de responsabilidades y ataduras… ¡cuántos niños ancianos! deben trabajar esclavos de un mundo que no eligieron, y cuántos se esclavizan bajo la batuta que manda callar y comprar.
Supongo que el problema radica en una cuestión de matiz, no creo que la juventud actual sea peor o mejor que la de “otro tiempo pasado” o de la que vendrá en el futuro (al menos, como colectividad tal cual). Los jovenes de hoy, como los adultos o los ancianos son hijos de su tiempo: que el mundo es una mierda,… pues eso. Los educadores de hoy nunca tuvieron que educar a los jovenes de ayer o mañana por eso les parece que su cometido es el más complicado.
No sé…, este tema en sí es bastante complicado. Para acabar reproduzco una inscripción caldea de aprox. el año 2000 a.C. (la había leído hace tiempo en “nosedónde”, pero con esto de internet se rescatan las cosas facilmente) que, por lo de pronto, yo creo que da que pensar: “Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya el consejo de los mayores. El fin de los tiempos está próximo, si dejamos continuar las acciones inauditas de nuestras jóvenes generaciones”.
(Inscripción Caldea 2.000 años a.c.)
Hasta pronto!!!
25 Abril, 2006 ás 15:48
[…] Me siento a escribir acerca del compromiso de los jóvenes intentando hacer algo más que un remake de mi primer artículo para a fondo, para aquel debate sobre la juventud. Lo único que quiero retomar de aquella historia es un fragmento que ni siquiera escribí yo. En uno de los comentarios a aquella colaboración, alguien decía que los jóvenes, como los adultos, son hijas e hijos de un tiempo y un espacio, de una sociedad que busca la felicidad instantánea e individual, de un mundo que escapa del compromiso. […]