Atentado contra la libertad de expresión
Tengo que confesar que hasta ahora no había leído la ya famosa clase magistral de Benedicto XVI en Ratisbona. Lo único que sabía es que algo había en ella que estaba crispando a mucha gente; algo del Islam…
Ahora que conozco el contenido del discurso y que localicé el centro de la polémica, pienso que quizás se le haya dado más importancia de la que tiene, que sólo es una cita de otro autor y que forma parte de un conjunto de ideas mucho más amplio.
Al mismo tiempo que surgían las críticas hacia las palabras del Papa, otras voces se alzaban porque se estaba atentando contra la libertad de expresión. ¿Será que estamos acabando con ella?
Según el diccionario la libertad de expresión es el estado de una persona que no está sometido a otro en lo que se relaciona con la manifestación de aquello que piensa.
La libertad de expresión está, ya para empezar, limitada por la ley, por ejemplo en lo que se refiere a la apología del terrorismo.
Pero no es la ley la que está acabando con ella. Terminan con la libertad de expresión los prejuicios porque, por sistema, hay que acallar determinadas voces que parece que nada le tienen que decir a esta sociedad.
Mata la libertad de expresión el miedo a la verdad, porque la verdad (no digo que sea el caso) a veces duele.
Acaba con la libertad de expresión la falta de respeto, porque no se trata de mi libertad, sino también de la libertad del otro para expresarse como quiera.
Muchas veces fallan también las formas, porque no hay solo una manera de decir las cosas, porque muchas veces somos más de la crítica destructiva que de la constructiva…
Sería os días 26 ó 28 deste mes: chegariamos o primeiro día ó redor das 12 e rematariamos co xantar do día 28 (e non é ningunha inocentada).
Dios ya no se encuentra en un más allá, alejado o inalcanzable, sino que es el cercano, el que se hace presente, el que nos acompaña día a día, el que podemos ver reflejado en el rostro de los demás.


A obra que presentamos posúe unha gran forza, pola súa combinación de cores e a potencia do seu significado, amosa nunha ollada a vida e misión de Xoan Bautista, capaz de pregoar a súa boa nova despois de morto; todo o seu ser convértese na súa propia voz, esa que berra no deserto, esa que non pode calar nunca porque a denuncia do inxusto non debe calar. Porque nada, nin niguén pode calar a quen ten algo que dicir para o mundo.


