Outra colaboración para a nosa web, esta vez de Álvaro Lamas, que tamén participou, por segundo ano, no encontro de Taizé.
Fin de año en Milán, ¿por qué no?. Mentiría si dijese que me cuestioné un solo momento el ir o no a Milán a pasar los últimos momentos del año, en el encuentro de jóvenes que la comunidad de monjes de Taizé organizaba en la capital de la Lombardía. Y es que la mayoría de los que el pasado año habíamos hecho lo mismo en Lisboa, sabíamos que teníamos ganas de más.
Personalmente, pienso que este tipo de encuentros multitudinarios no son el mejor de los ámbitos para ahondar en la propia espiritualidad, pero sí constituyen una experiencia muy fuerte de Comunidad eclesial: Iglesia sin apellidos, sin divisiones… “Dios no nos deja solos. Nos da avanzar hacia una comunión, esta comunión de amor que es la Iglesia” (decía el hermano Roger en su Carta inacabada de 2005). Esta experiencia de unidad se observa en esta esquina de Europa en la que nos ha tocado vivir como muy lejana, pero en otras partes del mundo se vive ya hoy y plenamente.
Creo que este es el gran acierto –y clave del éxito de Taizé—; intentar vivir la utopía hoy, no planear para el futuro sino concretar pequeños gestos en los que día a día poder ir viviendo la unidad de todos aquellos que hemos conocido la Buena Nueva.
Una referencia a aspectos más concretos de lo vivido hace un par de días en Milán pasa ineludiblemente por una Iglesia diocesana viva, en la que todavía brilla con fuerza la impronta del cardenal Martini –arzobispo durante veintitrés años— que, a la vista está, logró conectar con los jóvenes de su diócesis de una manera increíble (y éstos, ¡le respondieron!).
Por último, y como siempre, el regreso nos ha dejado un sabor agridulce; mezcla de buenos recuerdos, grandes experiencias, nuevos amigos… y esa desazón que nos recuerda que todo ha terminado y nos conmina ineludiblemente a la cita de Zagreb 2006.