¿Como ser cura hoxe?
Os teólogos e os bispos, cando teñen que buscar rasgos que definan como ser cura no mundo de hoxe, fanse un lío terrible. Non é para menos. Hai temas dos que todos opinamos: fútbol, política, diagnósticos médicos… e tamén de relixión. E se toca falarmos dos curas, quen non ten algo que dicir? Todos, e de moi diferentes maneiras.
Non hai moito atopaba eu un texto que me fixo pensar moito, e que quero colga-lo na web. A frase final resume todo o texto: Valor, señor cura! valor!
É un pouco esaxerado pero, de xeito simpático, amosa as nosas actitudes. É verdade que fai falta valor para ser cura (como para calquera vocación cristiá ou simplemente, para ser home/muller no mundo que nos toca), pero o que hai que ter claro é: non hai que contentar a ninguén, só hai que ser fiel á chamada, traballar a tope e listo!
Si predica más de diez minutos…¡no acaba nunca!
Si habla de la contemplación de Dios… ¡está en las nubes!
Si aborda los problemas sociales…¡gira a la izquierda!
Si va a trabajar a la fábrica…¡es que no tiene nada que hacer!
Si se queda en la parroquia…¡está cortado del mundo!
Si casa y bautiza a todo el mundo… ¡vende los sacramentos como en rebajas!
Si se vuelve más exigente…¡quiere una Iglesia de «puros»!
Si se queda en la casa abadía…¡no ve a nadie!
Si hace visitas… ¡no está nunca en casa!
Si tiene éxito con los niños…¡tiene una religión de crío!
Si visita a los enfermos…¡tiene tiempo para perderlo y pasa al margen de los problemas de su tiempo!
Si hace obras en la iglesia…¡tira el dinero por la ventana!
Si no hace nada…¡es un abandonado!
Si colabora con el consejo parroquial… ¡se deja llevar como un borrego!
Si no tiene consejo parroquial…¡es demasiado individualista!
Si sonríe fácilmente…¡se muestra demasiado familiar!
Si, distraído o preocupado, no ha visto a alguien… ¡es un distante!
Si es joven… ¡no tiene experiencia!
Si es mayor… ¡debería jubilarse!
¡Valor, señor Cura!




5 Enero, 2007 ás 0:31
Protagonista el clero
Desde que terminó el concilio Vaticano II, los teólogos no han parado de decir que la iglesia es, ante todo y sobre todo, el “nuevo pueblo de Dios”. En consecuencia, la idea que los teólogos y los obispos no cesan de airear es que lo primario y esencial en la iglesia es el pueblo creyente, la comunidad cristiana. De esa idea se ha deducido, con toda lógica, que el papel de la jerarquía es cumplir un servicio dentro de la comunidad.
En buena lógica, esta manera de entender a la iglesia tendría que haber llevado a una consecuencia práctica, a saber: si lo primario y fundamental en la iglesia es el pueblo creyente en su totalidad, lógicamente el protagonista de la vida de la iglesia tendría que ser el pueblo cristiano, la comunidad. Eso es lo que tendría que ser. Pero ¿qué es lo que se hace? Sabemos que, en la practica diaria de la vida, el común de los fieles católicos se sigue comportando de forma demasiado pasiva respecto a las responsabilidades que un cristiano consciente debe asumir en relación con la iglesia. Por eso, este pueblo, que es el conjunto o “congregación de todos lo creyentes”, sigue siendo la masa de gente bautizada, que asiste a las funciones y ceremonias eclesiásticas, sin darse cuenta a veces de lo que tales celebraciones significan verdaderamente, y que no suele tener una idea cabal de sus auténticas responsabilidades respecto a la iglesia.. En teoría se puede afirmar que el protagonista de la iglesia católica es el pueblo de Dios o la comunidad. En la practica, sin embargo, sabemos que no es así.
Este protagonismo clerical se nota hasta en la manera de hablar y en las expresiones que ha acuñado el lenguaje popular. Por ejemplo, cuando alguien dice que “la iglesia no debe meterse en política”, en realidad lo que se quiere decir es que el clero no debe entrometerse en los asuntos de la política; lo mismo que cuando uno afirma que otro “es más interesado que la gente de la iglesia” lo que se pretende afirmar es que el individuo aludido le gusta el dinero tanto como a los curas y a los frailes gentes que para la opinión popular están especialmente apegados al dinero. Este lenguaje popular no es caprichoso. Ni responde a una mentalidad anticlerical. Este lenguaje es la expresión más patente de que la iglesia se localiza primordialmente en el clero. El hecho de que desde hace algunos años, a los seglares se les haya tenido que decir que ellos también son iglesia, es la prueba más clara de lo que estoy diciendo.
José Carlos Enríquez Díaz
31 Julio, 2007 ás 23:30
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