O fenómeno das sectas
Da man de José Ramón López Oroza, reproducimos un artigo escrito por un dos maiores especialistas en sectas que hai en España. Chámase Luis Santamaría, da diocese de Zamora:
Corruptio optimi pessima. Este adagio latino (“la corrupción del mejor es lo peor”) es apropiado para referirnos al fenómeno sectario, que consiste en una patología del fenómeno religioso, y que es algo muy presente en nuestros días, junto con otras patologías como pueden ser el sincretismo y el fundamentalismo. No es algo mayoritario (de hecho, se estima entre un 1 y un 2% de la población los miembros de estos grupos, en estudios realizados en España y en otros países), pero sus efectos alcanzan a un ámbito mayor: familiares, entorno laboral, etc. Incluso en ocasiones extremas pueden llegar a un grado de destructividad más amplio: piénsese en los casos tristemente famosos de presuntos suicidios colectivos o atentados.
Los acercamientos psicológicos al fenómeno de las sectas, y los que suelen englobarse con el término anticult (antisectas), inciden en las técnicas de manipulación psicológica como la clave del funcionamiento de estos grupos. Así, una secta sería un grupo manipulador de la personalidad, que emplearía técnicas de control mental o persuasión coercitiva (no el famoso “lavado de cerebro” que precisa del uso de violencia física). Éstas son algunas de las afirmaciones del libro más reciente publicado sobre este tema en España: se afirma ya en la introducción que “las sectas se nos presentan como un medio válido para satisfacer alguna necesidad psicológica”, y leemos también que “no se definen por el contenido de las mismas, sino por los procedimientos coercitivos que utilizan para que los miembros se hagan totalmente adeptos” (J.M. CUEVAS). Esto demuestra tanto su enfoque (no importan las doctrinas, sino sólo su actuación) como el paréntesis al que se somete la cuestión religiosa y doctrinal, o de búsqueda y oferta de trascendencia, más o menos explícita.
Sin embargo, lo religioso sí importa, aunque quiera dejarse de lado. El hombre vive en busca de sentido (recogiendo la expresión de Viktor Frankl), y en la actualidad, tras su salida de la gran catedral (léase: religiones, Iglesias, ideologías), necesita un paraguas bajo el que cobijarse con todo lo que está cayendo en la vida. Ante esto, se presenta la posibilidad de confeccionar la propia “espiritualidad” mediante la individualización, el sincretismo y la nueva religiosidad holística (“New Age”). O, algo más sencillo, dejar que un movimiento de carácter “fuerte” ofrezca un entorno afectivo cálido y un sistema doctrinal firme en el que la persona se sienta más segura. Aunque en realidad esté siendo manipulada mediante una manipulación de lo religioso.
Porque no sólo es importante lo afectivo y lo emocional, la manipulación de los sentimientos, sino también la del sentido, la de aquello que, en el fondo, al fin y al cabo, acaba llenando la vida con un horizonte hacia el cuál caminar y por el que vale la pena seguir adelante. Lo que constituye una (otra más) de las paradojas de nuestro tiempo postmoderno: por un lado, se ha ensalzado la libertad humana ilimitadamente; por otro, algunas personas se someten a cosmovisiones alternativas y dinámicas grupales llegando a perder la libertad (o como podríamos decir citando a Chesterton, quitándose al entrar la cabeza en lugar del sombrero, que es lo que uno se quita al entrar en la iglesia, donde se sigue pensando).
Al acercarnos a este tema, cobran actualidad las siguientes palabras del Concilio Vaticano II, que pueden aplicarse literalmente al fenómeno sectario, tal como se da tanto en las sociedades occidentales como en las demás: “Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica” (Gaudium et spes 4). Una llamada a vivir, desde las tradiciones religiosas, y en un mundo secular y plural, lo trascendente como cimiento de la vida cotidiana, y a dar testimonio y razón de la propia fe en una sociedad que, aunque desencantada, vive en algunos de sus pliegues algunos “reencantamientos” que no tienen en cuenta al hombre y a su dignidad.

Nuevamente –al igual que el pasado año— las once de la mañana del sábado 11 daban el pistoletazo de salida a la II Xuntanza de Inverno del CCD (Colectivo Campamento Diocesano). El día amaneció soleado para contrarrestar los peores pronósticos que la noche mindoniense anterior parecía anunciar.


