De la misa al aburrimiento
Si eres de los que, como yo, te has sonrojado un poco al leer el tema de esta nueva entrega de a fondo, que en cuanto has visto de lo que íbamos a hablar has empezado a pensar que esto puede ir un poco por ti… tampoco te preocupes demasiado, ocurre en las mejores familias… En la misa sólo se aburren los que van, y eso es un punto a nuestro favor. Creo que no pasa nada porque a veces no seas capaz de mantener el hilo, porque tu cabeza este más fuera que dentro de la iglesia, porque te suene a chino lo que se habla desde el altar… pero sólo a veces. El problema es cuando la Eucaristía deja de tener sentido, cuando empezamos a pensar que hay millones de cosas mejores que hacer un domingo por la mañana, cuando el aburrimiento nos aturde la cabeza, nos ciega, no nos deja ver más allá de las palabras adormecedoras de una homilía, nos impide encontrar el valor y la importancia a la celebración del domingo o hace que dejemos de ir.
Aquí se nos plantea un problema importante, el de tantos jóvenes que dejan de asistir a la Eucaristía por aburrimiento. Un recurso muy fácil en estos casos es echarle la culpa al sacerdote… que si las misas no son “dinámicas”, no las hacen participativas… pero el problema no es ese… Lo de ser o no ser un showman, va con el carácter de cada uno y en ocasiones puede ser un arma de doble filo… porque nos quedamos mirando al dedo, sin fijarnos en lo que nos está señalando que es lo realmente importante. Yo creo que el problema no es que todos los curas no sean de la escuela de Buenafuente o Cruz y raya, el problema es que muchas veces no somos capaces de ver más allá de ese dedo del que hablaba antes. Nos quedamos en el continente sin prestar atención al contenido. ¿Cómo nos puede importar la forma, con un fondo como el Evangelio?



