Esperando la gran noche
Esta mañana hemos pedido perdón. No es algo que esté de moda, que se haga habitualmente, pero siempre hay motivos para reflexionar sobre los propios actos y revisar las malas conductas. Es algo así como dar las gracias. Aparentemente no nos aporta nada, pero es imprescindible.
Ayer, en la mesa redonda, todos nos sentimos un poco culpables de la situación de miles de personas en el tercer mundo. Es más, nos mordía por dentro el saber que la abundancia produce males que pueden echar a perder la vida de una persona.
Hoy el contexto era muy distinto. Examen de conciencia, revisión de nuestro comportamiento hacia los demás, hacia nosotros mismos, hacia Dios.
Muchas veces despreciamos este gesto: “¿por qué se tiene que enterar nadie, y menos un cura, de nuestros pecados?”, o “yo arreglo mis cuentas a solas con Dios”. Lo cierto es que al terminar la celebración de la Reconciliación las caras eran distintas. Algún participante comentaba cómo se le quedaba una cara de bobo, de felicidad casi infantil tras la confesión. Un momento para sentirse querido, perdonado, que producía hasta algunas lágrimas.
La actividad se desarrolló en tres momentos, como nos explicó Carmela Lamas, una de nuestras amigas de NF. Antes de la confesión nos reunimos en la misma sala donde el Jueves Santo recordamos la oración de Getsemaní, y con música de Mozart, hicimos examen de conciencia. Revisamos con calma todo lo que nos hace ser peores y tranquilamente salimos al claustro para la confesión. Tras ellas, nos reunimos en la capilla, ya con otra música, ya con otra cara, para dar fin a la actividad. Algunos admitieron confesarse por primera vez de verdad. Mereció la pena.
- Sánchez Monge descubre la Pascua Xove
Hace unos meses “estrenamos” obispo, y desde entonces se ha mostrado sensible a la Pastoral Juvenil. Tras el acto penitencial recibimos su visita, primera que hace a nuestro encuentro. Se interesó por lo que hacíamos y nos habló de la importancia de vivir la fe en nuestros hogares y la necesidad de modernizar la Iglesia para llegar a todos. Según Sánchez Monge es importante que los símbolos cristianos se entiendan y expresen algo. Animó a todos los participantes a buscar el encuentro con Cristo y a actuar allá donde vivamos, porque los cristianos “comen con los demás, se divierten donde se divierten los demás”.
Nos habló de personas que cambiaron la Iglesia, como San Pablo, que “estaba bien subido en el caballo del judaísmo”, Teresa de Calcuta, el padre Claret o el “elemento” de San Agustín, animándonos a conocer sus vidas y a aprender de ellas.
Se interesó de manera especial por nuestros amigos asturianos, y dejó caer que quizás “habrá que hacer una Pascua en Gijón”. Nuestros invitados se llevan una foto con un obispo al que confesaron sentirse muy a gusto en Galicia: “pensábamos que nos iban a echar el rollo, pero todo está saliendo muy bien”.
Por cierto, el obispo ya tiene una de nuestras camisetas. Prometió utilizarla en uno de sus paseos, así que espero que nadie se sorprenda en Mondoñedo cuando “el señor obispo” luzca orgulloso la camiseta de nuestro movimiento.
Y ahora me voy, que llego tarde a los cantos.



