Juicios de valor
¿Alguna vez os habeis preguntado qué pasaría si Jesús naciera hoy en alguna de nuestras ciudades o pueblos? Posiblemente lo consideraríamos un iluminado, o un idealista. A lo mejor saldría en la contraportada de algún periódico mientras la gente seria se ríe. O quizás pensaríamos en el líder de una secta, en un cuentista, en un estafador. Al fin y al cabo, nadie regala nada, y en la vida estamos solos para lo bueno y para lo malo.
Eso es lo que pensaron los escribas, los sumos sacerdotes, los fariseos, Pilatos, Herodes… Algunos vieron en Él una amenaza, otros una blasfemia, otros a un endemoniado. Incluso hubo quién se lo tomó a risa… Pero los intereses hicieron que toda una sociedad, movida por el poder religioso de la época, lo condenara a muerte un día como hoy.
Esta mañana hemos juzgado a Jesús, y el veredicto ha sido unánime. Culpable. Tras una reunión por grupos, analizamos las causas de su muerte, el porqué de cada estrato social para condenarlo. Convencidos por los argumentos de la acusación, nos dejamos llevar hasta pensar que quizás había hecho algo malo, que quizás se había pasado de la raya.
Fue una pequeña representación en la que participaron miembros de todos los grupos, con un juez y un fiscal, que nos hizo pensar en una sociedad, la de Palestina hace dos mil años, que podría ser la nuestra.
Es un día de luto, y en la celebración de esta tarde lo veremos más claramente. Las salas están menos adornadas, los cantos son más tristes y más sencillos. Una austera cruz preside una capilla desangelada. No obstante, el ambiente es muy bueno, y los participantes cantan tanto como ayer. Además, Manuel Sánchez Monge, el obispo de Mondoñedo – Ferrol, ha pasado a saludarnos cuando acabábamos de comer, interesándose por la marcha de nuestra convivencia y por la acogida de nuestros invitados de más allá del Eo.
Por la tarde toca reflexión individual y la celebración más triste de todas. Conmemoramos la muerte de Jesús.



