La espalda del mundo
En encuentros como el que estamos viviendo estos días en Mondoñedo se cae a veces en la tentación de abstraerse tanto de la realidad que se llega a perder el contacto con ella. No es el caso, pero la charla que tuvimos esta noche nos devolvió la perspectiva, nos volvió a poner los pies en el suelo.
La propuesta era más que atractiva. Muchos lugares en el mundo viven en un perpetuo Viernes Santo, con sus cruces, su dolor. La pobreza extrema, el hambre o las enfermedades del tercer mundo son buena prueba de ello. Pero aquí, muy cerca de nosotros, hay también mucha experiencia de cruz. Los males surgidos a raíz de la abundancia, como la drogodependencia, constituyen una de las realidades más sociales más complejas de este primer mundo desarrollado. También hay muchas causas abiertas por las que luchar.
En la mesa nos acompañaban María José Carrasco, misionera en Malawi. Ella es médico y ha estado diecisiete años en este país de África. Además, Manuel Regal nos aportó su experiencia en el campo de la lucha contra la drogodependencia desde el Proyecto Hombre. Dirige la institución en Lugo. Trataré de resumir las ideas más importantes de la charla. Advierto que supo a poco y de que la conversación se prolongó después, por los pasillos del Seminario.
- “Los pobres no cuentan ni suman”
Mª José ha dedicado muchos años de su vida a trabajar en un hospital de Malawi. En este pequeño país de menos de un millón de habitantes la esperanza de vida se sitúa en torno a los 37 años y la media de hijos por mujer es de 6,7. La cifra ha bajado mucho por dos problemas que nos comenta Mª José: las sucesivas hambrunas (la más reciente es del 2002) y el SIDA que padece un 30% de la población.
Mª José afirma que los males de Malawi tienen remedio, pero los habitantes de este país no lo saben, porque tienen una “incapacidad para pensar, incluso en el futuro o en las causas de su situación”. En realidad, piensan que la Iglesia y los países desarrollados están volcados con ellos, y que “no hacen más porque no pueden [...] no se dan cuenta de lo que les robamos”. Valora la actividad de organizaciones de la Iglesia, como las iniciativas llevadas a cabo por Cáritas o la ayuda por parte de organizaciones internacionales y misiones de otras confesiones, pero afirma que la situación “es una injusticia”. Nos cuenta que los habitantes de Malawi no pierden su fe en Dios. Ven en Él una esperanza que no le pueden dar los hombres. “Cuando ves que a una mujer no le queda ni su marido, porque se muere, comprendes aquello que nos decían de “pon tu confianza sólo en Dios””.
En cuanto al SIDA, nos describió las situaciones que se viven en su hospital a diario. Parejas que se casan cuando sólo un miembro de la pareja tiene el virus, porque “cuando están enamorados no hay nada que hacer”… Sobre los preservativos, no hacen campaña a favor, pero tampoco los criminalizan. Afirma que cuando una persona se acuesta con otra es porque hay algo más, porque al día siguiente quieres saber de ella. Si esa unión es fuerte las relaciones sexuales no se producirán antes del matrimonio. Nadie les prohibe a las misioneras católicas repartir preservativos, e incluso se hacen uso de ellos en casos en los que un miembro del matrimonio tiene el virus y el otro no.
Hay motivo para la esperanza, al ver cómo se comparte hasta la comida más indispensable en épocas de gran hambre. En ocasiones, algunos campesinos llegan a trabajar por el pueblo entero, cuando no hay maiz suficiente (alimento principal) para que todo el mundo tenga su propia cosecha. Con todo, “es una batalla perdida de antemano, aunque pienses que la ganes. Hace falta cambiar el mundo”… Quizás Dios tenga preparado un gran cambio en la Historia.
- La cruz desde la abundancia
El Proyecto Hombre se dedica a ayudar a personas drogodependientes a salir del túnel. Manuel Regal tiene años de experiencia, y explica que lo que hacen es “ayudarlos a reandar o rehacer el proceso de constitución como persona” que se desarrolló con los fallos que llevan al mundo de la droga. En base a valores como el respeto, la responsabilización o la honestidad y la transparencia intentan que la persona que acude a la terapia supere su problema. Manuel cree que en la ciudad hay montado un mundo vacío, con más artificio que en el mundo rural donde valores como los que intentan inculcar tienen más peso. Siembra la duda en el momento en el que se cuestiona si la responsabilidad de que un chico de 12 o 15 años caiga en la droga es del propio individuo o de la sociedad. Lo que está claro es que ambos intervienen y tienen parte en un problema que hay que superar viendo el placer no en experiencias externas, sino en los quéhaceres diarios.



