Las olimpiadas

Hace años le pregunté a mi padre que hasta cuándo se iba a seguir celebrando la Navidad. “La Navidad de las compras y de las luces en las calles tarde o temprano se terminará porque las modas acaban por pasar. Sin embargo, la otra, la de verdad, esa se seguirá celebrando siempre que alguien entienda lo que realmente significa, siempre que haya quien comprenda que después de tantos años un niño recién nacido aún tiene mucho que enseñarnos.
Porque la Navidad es como las olimpiadas, no como las de ahora, sino como las de antes. En la antigua Grecia cuando se celebraban los juegos todo se paraba: el trabajo, las guerras… para que la gente acudiera a Olimpia a disfrutar de las competiciones. Era un tiempo de paz.
La Navidad, debería de ser así; un momento del año en el que todo el mundo dejase lo que está haciendo para observar lo que pasa en Belén, para escuchar ese mensaje de paz y amor, para mirar a los demás, para querer y dejarse querer, para ser feliz…
La Navidad, como las olimpiadas, también termina. Pero siempre hay quien gana. Quien vuelve a su vida convencido de que Jesús no vino para marcharse tras diez días de fiesta y jolgorio sino que vino para quedarse, quien recupera la confianza en el hombre, quien sabe que aún hay esperanza…”



