No es una noche cualquiera
Estos días estuve preguntando entre mis alumnos, de entre 14 y 17 años, si habían participado en sus parroquias en las celebraciones de Semana Santa. En general la participación es escasa, pero la celebración que sin duda tiene más éxito entre ellos es la del Domingo de Ramos, día incluso aprovechado en muchos lugares para estrenar la ropa de primavera. No me voy a meter a analizar en qué clase de actos sociales se han convertido muchas de nuestras celebraciones, sólo quiero decir que para cualquier cristiano debería ser la Vigilia Pascual la celebración más importante del año litúrgico, esa que por nada nos deberíamos perder. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe, y celebrar el triunfo de la VIDA sobre la muerte en una noche tan especial me produce, personalmente, una gran alegría y me anima para seguir tratando de ser testigo de Cristo en el pequeño trocito de mundo en el que vivo.
Hace ya muchos años que asisto a la Pascua Xove de Mondoñedo, primero como participante y más tarde colaborando en su preparación, y sin duda lo que más me impactó desde el primer año fue la celebración de la Vigilia Pascual. Se trata de una celebración larga, pero muy hermosa y llena de símbolos que tratamos de cuidar para no perdernos ningún detalle del significado de esa noche especial.
La Vigilia se divide en cuatro partes: la primera es el rito de la luz, que comienza con una hoguera y la bendición del fuego nuevo, símbolo de Cristo. Después viene el rito de la palabra, en el cual vamos recordando, a través de las lecturas, la historia de un pueblo que se siente acompañado por Dios, y que culmina con una gran explosión de júbilo con el texto de la resurrección. La tercera parte es la liturgia bautismal, donde tenemos la oportunidad de renovar, conscientemente, las promesas que otros hicieron por nosotros cuando éramos niños y que nos hacen discípulos de Cristo. Finalmente llega la liturgia eucarística, alimento que nos ayuda a mantener viva nuestra fe. Todos esos momentos están acompañados de múltiples símbolos: fuego, oscuridad, luz, agua, ofrendas, flores, gestos… y también de muchos cantos alegres que nos sirven además para comprender mejor el significado de todo lo que estamos celebrando.
Después de tantas Vigilias celebradas en el seminario de Mondoñedo, tengo que decir que sigo viviendo esta celebración de una forma muy intensa, y que es uno de esos momentos en los cuales me siento más que nunca en comunión con todos los cristianos del mundo, porque la dicha de saber que Cristo vive en cada uno de nosotros es verdaderamente contagiosa.
Finalmente llega la mañana del domingo, después de una intensa noche de fiesta, y ese momento, triste por lo que tiene de despedida de la gente con la que acabamos de compartir unos días tan especiales, es también un momento de esperanza, ya que nos hacemos conscientes de la necesidad de llevar al mundo aquello que vivimos y celebramos la noche anterior. ¡Menuda responsabilidad! Como dice la canción con la que nos despedimos en Mondoñedo, “a nosotros se nos pide que seamos corazón”. Ojalá sepamos ser corazón de un mundo que tanto lo necesita.
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!



